PONER LIMITES

INVIERNO 09-10 (7º) Lisboa 063

En algunas personas la base del conflicto en las relaciones con los demás reside en la dificultad de poner límites, en no saber o no atreverse a defender el propio espacio, en no saber decir no.

El origen de esta dificultad puede residir en el sentimiento de inferioridad, en el temor a ser rechazado o abandonada si pongo algún tipo de traba a lo que se me demanda, en el miedo a ser agredido verbal o físicamente si defiendo mis derechos.

No debemos olvidar que las personas que nos movemos en estadios sexuales no acordes con la norma binaria heterosexual hemos sido y somos potencialmente agredibles.

Poder definir a alguien como marica da al sujeto que emite esa palabra un poder enorme de hacer daño.

Así que, tanto como personas individuales como a nivel grupal hemos interiorizado ese temor a ser agredidos por cualquier patán, que por el mero hecho de tener deseo hacia el otro sexo se siente superior.

El tener interiorizado ese sentimiento de inferioridad nos hace muy vulnerables a cualquier agresión y esto provoca ir por la vida evitando cualquier tipo de conflicto, renunciando a los propios derechos por el miedo a las hipotéticas represalias que se pueden producir.

En esta dificultad de defender el propio espacio es preciso señalar lo que nos cuesta utilizar estrategias agresivas, típicamente masculinas; parece que en el proceso de asunción de la homosexualidad se dejan atrás una serie de recursos defensivos que podrían sernos de gran utilidad.

poner limitesParte del proceso terapéutico de empoderamiento consistiría en investigar en nosotros mismos la posibilidad de usar esos recursos que tienen que ver con el uso de la agresividad; ver si somos capaces de hacerlo (probablemente si), si nos resultan extraños en nosotros, si debido a introyectos relacionados con lo que es un marica nos vemos ridículos, si nos provoca culpa,…

Consistiría en investigar sobre los recursos estereotipadamente masculinos: la agresividad, el grito, sacar pecho, levantar la cabeza, pisar fuerte, empujar, usar tacos, seriedad en el rostro,…

Darnos permiso a pelear por lo nuestro, en lugar de ir siempre pidiendo disculpas por ser como somos, hace que nos sintamos más fuertes y vayamos adquiriendo un mayor autoapoyo.

El ser menos dependientes de la valoración externa nos hace más autónomos a la hora de decidir sobre lo que queremos y lo que no queremos.

Se impone una terapia de resistencia, se acabó pedir comprensión; exigimos nuestro espacio, luchamos activamente por nuestro poder (con periodos de descanso).

Un pensamiento en “PONER LIMITES

  1. Pingback: TERAPIA INDIVIDUAL | psicoterapia para gays

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