EL JUEGO DE 0 A 3 AÑOS

T 39 Misrachi

Podemos entender como juego, una actividad espontánea, recreativa, sometida a reglas, libre, ficticia, física y mental. Es una necesidad infantil, fuente de placer, gozo y diversión, que le permite desarrollar su imaginación / creatividad, y constituye una herramienta imprescindible para su desarrollo.
Supone una capacidad de aislarse de la realidad o representarla, y por tanto de encontrarse a sí mismos tal como desean ser.

Para jugar con niños y niñas, las personas adultas deben tener en cuenta una serie de aspectos:

– Dejar que sea la niña o el niño, quien marque la intensidad y la duración de los juegos.
– Le enseñareis a descubrir las diferentes posibilidades de un mismo juego.
– El espacio donde se juegue debe tener los objetos al alcance y estos han de ser de características variadas, color, medida, tacto, material, forma, volumen, sonido,…
– El clima deber dar seguridad y confianza.
– La niña o el niño tiene que ser el generador del juego y el juguete el medio.
– Procurar estar relajad@s, descansad@s y sentiros cómod@s.

Pero debemos tener en cuenta las clases de juego que aparecen en 0-3, para actuar de una manera u otra, ante el juego de vuestr@s hij@s:

De 0 a 1 año:

Estamos en el periodo del juego funcional o de ejercicio, dentro del periodo sensorio-motor del desarrollo.

– Aparecen los juegos de regazo, en los que juega con el adulto. Coger al niño o la niña en brazos, y hablarle o cantarle, con voz suave y relajada, ya que, estos juegos vienen acompañados de canciones o de un componente sensorial y l@s niñ@s responderán por medio del movimiento.
– Para jugar utiliza su propio cuerpo y otros objetos.
– Estos juegos los comienzan por casualidad, ya que, les llama la atención y lo repiten.
– Después de los 7 meses, tras poder sentarse sol@, va a coger los objetos y va a observar sus características mediante la manipulación; por ello debemos poner a su alcance objetos, que puedan manipular, observar, llevarse a la boca, que los siguen con la vista. Es más productivo o motivante para el niño y la niña si la relación con el objeto se realiza a través de una persona que le ofrece el juguete.
– Hacia los 9 meses, al gatear toma la iniciativa para conseguir un objeto mediante el desplazamiento y aparece la imitación.
– Os podéis tumbar, gatear y avanzar de rodillas con ell@s, acompañándole en el gatear. – Como ejemplos de juegos a realizar en estas edades, podemos encontrar el “aserrín, aserrán”, “cucu-tras”, “si vas a por carne”, etc.

De 1 a 2 años:

Estamos en el periodo sensorio-motor y repetitivo.
– L@s niñ@s juegan sol@s o con el adulto.
– Puede jugar en grupo o de forma individual.
– Los juegos deben ser cortos y sencillos.
– En estas edades, los juegos vienen acompañados de canciones y de componentes sensoriales.
– A los 18 meses, el menor empieza a desplazarse, aumenta la necesidad de encontrar objetos, que despierten su interés personal y también la necesidad de comunicarse y compartir con una persona adulta o niñ@ estos descubrimientos que llevan a cabo.
– Podemos realizar juegos de imitación, acompañados por canciones, como los “pajaritos”, las mariposas, etc.

También podemos jugar con distintos materiales, como la plastilina, los cacharritos, jugar con objetos que no son propiamente juguetes, para que el niño desarrolle su imaginación, como puede ser jugar con una escoba, con una caja, etc. (teniendo en cuenta que ese objeto no sea peligroso).

De 2 a 3 años:

Nos encontramos en el periodo del juego simbólico.
– Estos juegos son de ficción, en el que representan la realidad tal como la ven.
– Puede jugar en grupo o sol@.
– Aparece el juego en paralelo, es decir, que en apariencia están jugando junt@s, pero en realidad lo están haciendo por separado, juegan al mismo tiempo pero sin intercambios, ya que en esta edad tienen un pensamiento egocéntrico; todavía les cuesta compartir.
– Utilizan el lenguaje.
– Podéis participar en este tipo de juegos, sólo y exclusivamente si os lo pide, sino os mantendréis al margen, observando el juego de vuestr@ hij@, interviniendo sólo en situaciones que creáis que puedan producirle un daño físico.

Hay que tener en cuenta que estos juegos, se mantendrán a lo largo de todo su desarrollo, en mayor o menor medida.

Terapia sexual y de pareja

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En terapia de pareja se trabaja con los vínculos, con lo que se repite, con las pautas de relación y comunicación entre los miembros de la pareja, no con los mecanismos personales.

Al comenzar hemos de explorar la demanda de ambos, ya que a veces puede no coincidir.
No existe una pareja ideal, existe una pareja que crece o se deteriora; hay que ver que es bueno para cada una de las partes. Lo “normal” es relativo, depende de la ideología, de donde se mire.

En el proceso terapéutico con una pareja se deben explorar los diferentes niveles de desarrollo de los miembros de la pareja:
– Crecimiento individual.
– Lo propio de la relación de pareja, nivel afectivo-sexual y relacional.
– La función parental, si es que se da.
– Relación con la familia amplia y el entorno social.

La relación afectivo-sexual requiere una atención especial en el abordaje de la pareja.
Esta voz puede ser origen o síntoma de los conflictos que se dan en la relación; escucharla nos puede ayudar a hacer un diagnóstico adecuado de lo que sucede; del mismo modo también es posible intervenir terapeúticamente en la relación sexual para así mejorar la relación de pareja.

ARTÍCULOS

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YO NO NACI PARA AMAR

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Como dice la canción de Juan Gabriel, hay personas que crecen sintiendo que el tema de la pareja no está hecho para ellas; alguien que se ve fuera del sistema de relaciones habitual (chica-chico se buscan) interioriza la idea de que el tema del amor y la pareja no le va a tocar.

 Algo que en la mayoría de los heterosexuales se vive como normal, como parte del proceso de desarrollo vital (tendré pareja y formaré una familia), entre las personas que forman parte del colectivo LGTB aparece muchas veces como algo imposible; de modo que cuando nos damos el permiso a vislumbrar que eso puede ser real también para nosotros nos parece increíble.

 Durante mucho tiempo la opción de un amor romántico ha sido invisibilizada, no teniendo acceso a modelos de referencia.

Si nos fijamos en el cine,  que es un instrumento de gran alcance en nuestra época para transmitir valores y modelos de comportamiento, vemos que hasta hace bien poco todas las personas homosexuales que aparecían (más hombres que mujeres, y sin espacio para la transexualidad) acababan bastante mal, fomentando la idea de que la homosexualidad solo puede llevar al sufrimiento, la maldad y la locura.

 Por eso creo que es fundamental que desde todos los medios posibles se transmitan modelo de relación y de vida positivos para nuestros adolescentes. Es de agradecer que se hagan bonitas y románticas películas de amor que animen y den alegría y esperanza de una vida feliz para las nuevas generaciones.

 Muchas veces, cuando después de grandes esfuerzos decidimos compartir lo obvio con la familia  (primero se hacen los locos, luego lo “aceptan“, más bien se lo comen); suele darse una sutil tendencia a dirigirnos o condenarnos a la soltería.

 Si suele costar aceptar la “declaración” de homosexualidad, aún les cuesta más vernos como sujetos sexuales que mantienen relaciones con personas del mismo sexo; eso ya entra menos en sus cabezas y en general, apoyan bastante poco las posibilidades de tener parejas.

 Aunque a nivel formal es cierto que en poco tiempo las cosas han cambiado muchísimo, hay que tener en cuenta que hay formas sutiles de homofobia que siguen actuando y condicionando la vida de las personas LGT.

 Respecto al tema que estamos tratando es interesante observar la reacción, el espacio, la valoración, la aceptación, ante una pareja del mismo sexo,  si lo comparamos con el que se daría a una pareja del sexo opuesto (cenas, celebraciones familiares, visitas al hogar familiar, comentarios a amistades, etc., etc., y etc.). Obviamente, el esfuerzo que se hace por integrar esta persona en la familia no suele ser el mismo.

 De hecho, parece que el lugar más adaptativo que nuestra sociedad nos ha dejado es la Iglesia (lo cual choca con la actitud de ésta hacia la homosexualidad); es el refugio natural para hombres y mujeres que no van a optar por una vida en pareja heterosexual dedicada a procrear y a los que se quiere ver y/o convertir en asexuados.

 Desde la carencia, la necesidad y adoración por el amor romántico aumenta; como en todo, cuando alguien cree que no va a tener acceso a algo más lo idealiza y lo desea, … y más está dispuesto a dar.

 Así, cuando alguien cree imposible el amor (no cuenta el amor a la humanidad que nos ofrece la religión) y consigue acariciarlo, puede que se sienta tan agradecido por ese pedacito de felicidad que lo de todo;

 Aquí aparece un nuevo peligro, esta idealización del amor y el miedo a perder lo que parecía imposible d conseguir, puede hacer a la persona que ama muy vulnerable respecto a la persona o personas en las cuales deposita su amor.

 En el momento que pongo mi felicidad en manos de otra persona le doy un excesivo poder y puedo caer en una dependencia ciega que puede también llevar al sufrimiento.

 La idea es buscar relaciones afectivo-sexuales desde una posición de mayor seguridad en uno mismo, no tanto desde esa necesidad que hace a la persona dependiente.

No soy media naranja buscando otra media, soy una naranja entera que puedo sostenerme sola, y que prefiero estar con otra/s naranja/s.

 Si me siento más seguro, idealizo menos a los otros y los bajo del pedestal.

Aprender a quererme para querer desde la igualdad.

Aprender a estar solo para no caer en la dependencia absoluta.

HOMOFOBIA INTERNALIZADA

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“No hay marica buena”. Esta frase, que he escuchado en boca de un marica, dice mucho de la propia desvalorización y de la negatividad con que la que, a veces, tratamos  nuestra propia identidad.

 Se puede decir, que el discurso que socialmente se ha trasmitido sobre las personas que no se ajustan a los cánones normalizados en cuanto a sexo, género y orientación hace mella en nosotros. Como una gotita de agua que va cayendo sobre una piedra y que al final hace un agujero, así los pequeños y continuos mensajes cargados de negatividad nos convencen de que realmente tenemos una tara importante. Sigue leyendo

CONFIANZA / DESCONFIANZA

final invierno 05 (semana santa) 252

El deseo y la necesidad de tener personas en quien poden confiar es una prioridad en las relaciones sociales; ante la complejidad y, a menudo, hostilidad con que nos encontramos en la vida cotidiana, todos buscamos un refugio, un lugar lo más seguro posible donde poder descansar, un hogar en el cual sentirnos seguros.

En principio, en la cultura de la que formamos parte, ese hogar lo constituye la familia. La familia basada en lazos sanguíneos parece ser el lugar donde las personas buscamos, y a veces encontramos, un lugar seguro y de confianza; lo más parecido a una vuelta al útero materno donde sentirnos en tranquilidad y alejados de cualquier peligro.

Efectivamente, las niñas y los niños que tienen la suerte de crecer en una familia apoyadora, suelen desarrollar niveles de autoestima y seguridad en sí mismos más altos que aquellas que crecen en entornos hostiles.

enemigo2Aquí nos encontramos con que las personas que estamos fuera de la norma por nuestra orientación sexual crecemos en entornos familiares heterosexuales que de forma explícita e implícita son hostiles a la homosexualidad. Resulta pues, que el enemigo lo tenemos en nuestra propia casa.

En el transcurso de la infancia, nos vamos dando cuenta de que a nuestro entorno no le gusta mucho lo que somos (o por lo menos una parte fundamental de lo que somos); con lo cual, ese espacio, que debería aportarnos seguridad, se convierte en un espacio del cual también nos tenemos que cuidar. Esto no facilita que confiemos en el mundo, aunque lo intentamos.

(Quiero dejar claro que no olvidamos que hay más personas que sufren aparte de nosotros y que pueden sentirse reflejadas en lo que aquí se comenta. De hecho nos encantaría que los temas que aquí tratamos pudiesen ser de ayuda para otros. Pero, insistimos, aunque entendemos y compartimos el sufrimiento de todos las personas, aquí nos centramos en el nuestro; en el sufrimiento de las personas que somos víctimas de la estricta división en dos sexos-géneros de la humanidad y que ha sido ignorado históricamente.

 Es obvio también, que las personas homosexuales e intersexuales no estamos todo el día sufriendo ni sufrimos por igual, pero queremos recordar que éste es un espacio terapeútico y como tal centra su mirada en aquellos temas que pueden estar causando dolor a una persona concreta).

Intentamos confiar porque es una necesidad básica; todo el mundo quiere a su lado alguien con quien no tenga que guardar las apariencias, con quien poderse mostrar en su totalidad, con sus virtudes y sus miserias; en fin, alguien en quien apoyarse y descansar.

Cómo ya hemos comentado, no todo el mundo tiene la suerte de la protagonista de la película XXY, dirigida por Lucía Puenzo, de contar con una familia que le apoya en su proceso de crecimiento y búsqueda de identidad. De tal modo, que buscamos ese apoyo en otros espacios donde poder encontrarnos y entendernos (insisto en la importancia de lugares de referencia positiva para la juventud LGTB).

Esta necesidad de crear un nido lo más seguro y amable posible, se suele concretar en la búsqueda de pareja. Se puede decir que en la pareja se proyecta ese el anhelo de encontrar un lugar de reposo, un sitio donde dejarnos caer sin tener que llevar las defensas preparadas.

A la vez que existe un gran deseo de encontrar alguien en quien apoyarse, hay mucho miedo interiorizado como para poder confiar; hay mucho miedo a que cuando me apoye, ese pilar se retire y me caiga.

Este conflicto entre querer confiar y no poder confiar está muy presente en las personas que, como la mayoría de los gais, han sufrido abusos y agresiones en su entorno próximo.

Es preciso tomar conciencia de esta necesidad para no actuar de forma imprudente. El darse cuenta de la dificultad y el deseo de confiar hará que nos enfrentemos a las relaciones con ilusión y mesura; no cerrándonos en ninguno de los extremos, sino transitando de uno a otro pausadamente. No negando nuestra confianza pero tampoco darla toda de golpe.

El no ser consciente de esta necesidad hace que, a veces, nos echemos de forma desesperada en los brazos del primero que nos presta atención. Si resulta que éste no era tan de confianza como se esperaba o imaginábamos, el batacazo que se da el marica confiado es tan grande, que esto hace que la defensa se vuelva aún más rígida y por tanto la desconfianza que se genera es aún mayor.

Por eso, el equilibrio estaría en abrir los brazos hacia el otro, pero sin perder el apoyo en mis propias piernas.