HOMOFOBIA INTERNALIZADA

Oscar Bendicho

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No hay marica buena”. Esta frase, que he escuchado en boca de un marica, dice mucho de la propia desvalorización y de la negatividad con que la que, a veces, tratamos nuestra propia identidad.

Se puede decir, que el discurso que socialmente se ha trasmitido sobre las personas que no se ajustan a los cánones normalizados en cuanto a sexo, género y orientación hace mella en nosotros. Como una gotita de agua que va cayendo sobre una piedra y que al final hace un agujero, así los pequeños y continuos mensajes cargados de negatividad nos convencen de que realmente tenemos una tara importante.

La presión continua hace que sin darnos cuenta vayamos asumiendo como realidades lo que nos dicen respecto a lo que somos y eso va conformando la imagen y la estima que vamos desarrollando hacia nosotros mismos (una vez más, indicar la importancia de que existan públicamente modelos positivos de referencia, y por tanto la importancia de la visibilidad de diferentes formas de vida para que las personas más jóvenes puedan mirarse).

Por tanto, la intervención terapeútica debe partir del reconocimiento de la existencia de este rechazo de la persona hacia su propia identidad, de la incapacidad de reconocerse como homosexual, de no parecerlo, de la no aceptación de cómo es.

Es imprescindible asumir, tanto por los demás, pero sobre todo, por nosotros mismas, el dolor provocado por el rechazo social explícito e implícito. Creo que, en general, detrás de cada una de las personas LGTB hay bastante sufrimiento y mucha falta de reconocimiento de este sufrimiento.

La resistencia de la familia y del entorno a ver la homosexualidad en la infancia hace que se viva el sufrimiento en una absoluta soledad y sin que nadie atienda a esta herida tan profunda que se está produciendo y que repercutirá en toda su vida.
Los padres amorosos escuchan las quejas de sus hijos, les cuidan si están enfermos, se preocupan por sus estudios, por sus amistades,… pero hacen caso omiso al “tema”, parecen ciegos a este dolor.

Y como todo el mundo es ciego (menos entre los iguales, que muchas veces le machacan), el protagonista también se hace ciego, desaparece el derecho a atender y cuidar esa herida. Pero ahí está.

De tal modo que lo primero que hemos de hacer terapéuticamente es dar importancia, nosotros mismos, a esa herida, escucharla y cuidarla; darle su importancia, sacar la rabia por la falta de atención y comprensión. Porque el mayor sufrimiento viene de no ser visto y no poder expresar lo que uno siente.

Debemos respetar nuestro propio dolor.

Un pensamiento en “HOMOFOBIA INTERNALIZADA

  1. Pingback: TERAPIA INDIVIDUAL | psicoterapia para gays

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